NOTA SOBRE I CHING

Nota en “La luciérnaga”. Dr. Daniel Brenner

Retiro Villa Traful-2011

El I Ching, el libro de las mutaciones, es quizá uno de los primeros intentos de la humanidad de posicionarse frente al universo.

Su orígenes se remonta a los inicios del Neolítico y es atribuído al sabio chaman Fu Shi quien, al observar el movimiento cíclico de la naturaleza, supo representar mediante símbolos abstractos los arquetipos de una realidad multidimensional en constante interacción.
Símbolos y números buceando en el misterioso origen y destino de hombre y universo.
El libro se ha ido nutriendo a lo largo de las épocas con la impronta de innumerables sabios que han dejado plasmada su penetrante visión de la existencia.
Exhala una suerte de orden cósmico sujeto a coordenadas tempo espaciales que convergen en el aquí y ahora del corazón humano.

Su dialéctica remite a los dos polos básicos sobre los que se dinamiza la vida: el ying y el yang; el latido de la fuerza vital pulsando en forma interrumpida como el día sigue a la noche y viceversa.
Los hexagramas -las seis líneas llenas y /o vacías que conforman el idioma del I Ching- hablan del cambio, como sucede con las estaciones del año, el menguar o el crecimiento de la luna, las mareas, nuestras emociones o los ciclos de la vida.
De ahí que haya sido el fundamento de una cultura tan antigua como la china y haya persistido milenios con una vigencia imperecedera.

Justamente uno de los significados del I Ching es -junto con el de mutación- el de inmutabilidad, esto es, la inmutabilidad de las mutaciones.
Por eso decía mi maestro Liu Pai Lin que el Tai Chi Chuan es la expresión del I Ching, su práctica; ya que es el conocimiento de la circulación de energía en el cuerpo, contempla estos principios.
Lo que de alguna manera aparece como concepto abstracto en el texto, toma forma y es vivenciado por medio de los entrenamientos de energía.

Las mutaciones se producen teniendo como eje central el vacío, todo gira a su alrededor como una rueda; desde las galaxias, los huracanes, el remolino de la cabeza y las huellas dactilares. El mismo código genético comparte esta estructura circular espiralaza.

La práctica de Tai Chi Chuan es la manifestación del I Ching, su expresión.
Como la corriente de un río que fluye renovándose constantemente, la filosofía del I Ching -decía mi maestro Liu Pai Lin- adquiere verdadero sentido a través de los entrenamientos de integración del ser humano con la naturaleza.

Al ser un tratado de alquimia taoísta, utiliza el lenguaje de la energía. Está vivo. Señala un camino de transformación interior.
Un entramado infinito, tejido por el pulso de una comprensión más vasta acerca de qué o quiénes somos, busca abrir espacios entre el micro y macro cosmos.

A la luz del Tai Chi, circula por la rueda de la vida invitándonos a respirar un horizonte en el que amanece la libertad de espíritu.
Un espejo mágico en donde contemplar la alternancia de líneas llenas y vacías.
La danza incesante de claroscuros; al reflejo del movimiento de una de las fuerzas más misteriosas del universo: Nuestra conciencia.

 

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